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marzo 15, 2021

"Toda enfermedad comienza en el intestino" Hipócrates

El intestino es conocido por su papel central en la respuesta del sistema inmune (nuestro principal sistema de defensas) y hoy en día, el deterioro de la función intestinal es omnipresente y ciertos síntomas digestivos tales como estreñimiento, diarrea o reflujo, se observan frecuentemente en la población . Es fundamental apoyar esta función intestinal cuando esto ocurre, ya que estos síntomas al ser normalizados y crónicos, pueden afectar de forma potente la íntima conexión existente entre la salud intestinal y el sistema inmune.

Existen cuatro pilares de la salud intestinal:

Digestión y absorción

Motilidad

Integridad e inmunidad

Microbiota

En los últimos estudios se ha demostrado que las personas que suelen tener problemas de baja Inmunidad presentan también desequilibrio en algunos de estos “pilares”. Entonces, si optimizamos algunos de estos veremos una respuesta favorable en la respuesta inmunológica.

La forma en que masticamos nuestra comida es fundamental para potenciar la capacidad de extraer nutrientes de ella. Cuando comemos demasiado rápido, nuestra comida es más difícil de digerir lo cual impulsa el agotamiento de los nutrientes, incluidos los necesarios para el apoyo del sistema inmunológico (por ejemplo, vitamina A, C, D, zinc). Esto puede agravarse si la digestión también se ve comprometida por niveles bajos de ácido estomacal, que a menudo surge debido a consecuencias de la edad, alimentos procesados y el consumo de los inhibidores de la bomba de protones (IBP). Los problemas de la vesícula biliar también pueden influir en la disminución de la inmunidad, al afectar la digestión de las grasas y la absorción de nutrientes solubles en estas, incluidas las vitaminas A y D.

Las alteraciones que llevan a una mala absorción de nutrientes pueden debilitar aún más nuestro sistema inmunológico. Esto ocurre cuando la superficie de absorción del intestino delgado se deforma (por ejemplo, debido a la enfermedad celíaca) y/o el revestimiento del intestino se vuelve crónicamente hiperpermeable (intestino permeable) debido al consumo de gluten, alimentos procesados, disbiosis intestinal, alcohol y estrés) . Esta hiperpermeabilidad intestinal, desregula el sistema inmunológico al provocar alteraciones digestivas como diarrea, mal absorción de nutrientes e inflamación crónica en todo el cuerpo.

En quienes padecen de diarrea frecuente ocurre que los alimentos consumidos se mueven por el intestino demasiado rápido, lo que limita el tiempo disponible para la digestión y la absorción de nutrientes. Por su parte, el estreñimiento crónico promueve la recirculación de toxinas que tienen la capacidad de obstaculizar el sistema inmunológico. En paralelo, el bajo consumo de fibra dietética es un factor común en quienes refieren estreñimiento y esto también favorece que nuestro intestino sea susceptible a infecciones al reducir la diversidad y abundancia de bacterias beneficiosas que viven allí. Finalmente, el estrés puede aumentar el riesgo de infección al reducir la concentración de IgA secretora en nuestras secreciones de moco intestinal, el cual es una primera línea vital de defensa.

El microbioma intestinal es fundamental para el sistema inmunológico, la estimulación y acción defensiva de nuestro organismo se ven profundamente desafiados por el mundo moderno, en el que nos exponemos a una alimentación ultra procesada, estilo de vida sedentario, altos niveles de estrés, exposición a toxinas (agroquímicos, medicamentos), y en particular el parto por cesárea, la alimentación con fórmula y los antibióticos. Sorprendentemente, la investigación preliminar indica que incluso los pacientes con COVID-19 son propensos a la disbiosis intestinal.

Cuando nuestra salud intestinal se ve comprometida, contraemos infecciones más fácilmente y cuando tenemos una infección, tendemos a comer una dieta más restringida debido a la falta de apetito. Esto puede comprometer aún más nuestro estado de nutrientes y digestión, creando un círculo vicioso de mala salud intestinal y baja inmunidad.

Una excelente forma de comprobar que nuestra salud intestinal se encuentra sana y equilibrada es normalizar la ausencia de síntomas digestivos (por ejemplo, reflujo, distensión abdominal, flatulencia) y la capacidad de evacuar al menos una deposición diaria de color marrón oscuro con forma de salchicha que se limpia sin que se vean alimentos no digeridos. Si este no es su caso, es probable que una mala salud intestinal aumente su riesgo de tener baja inmunidad. Por lo tanto, asegúrese de nutrir su intestino y apoyar su sistema inmunológico, a través de la nutrición y suplementación adecuada. Para esto, es importante considerar el consumo de suplementos Pobióticos, fibra prebiótica, polifenoles, L-glutamina y zinc que apoyan la reparación de la pared intestinal y el equilibrio de las bacterias benéficas apoyando la respuesta del sistema inmune. Finalmente, no olvidemos siempre aplicar intervenciones en el estilo de vida para manejar el estrés, modificar la alimentación y mantener el movimiento físico. ¡Tu cuerpo te lo agradecerá!

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