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abril 13, 2021

Esperando que con la información entregada en nuestro Blog anterior “Salud Digestiva e Inmunidad”, te sientas empoderado al comprender cómo reducir de manera integral y holística tu riesgo de infección y como cuidar tu sistema de defensas. En esta ocasión, queremos enfocarnos en apoyar nuestro organismo luego de una infección y evitar secuelas en tu salud.

A menudo subestimamos cuánto tiempo puede llevar recuperarnos después de una infección hasta que experimentamos síntomas de forma persistente. La recuperación "normalmente" dura de una a dos semanas. Sin embargo, en algunos casos este proceso de recuperación puede durar meses, incluso años, y está caracterizado por síntomas prolongados posteriores a la infección como fatiga crónica, confusión mental, dolores musculares y alteraciones digestivas.

Identificar los factores subyacentes de los síntomas persistentes posteriores a la infección y cómo pueden afectar nuestra salud física y mental es el primer paso.  Luego, facilitar la implementación de intervenciones de nutrición y estilo de vida personalizada, dará mejores posibilidades de ayudar a las personas a sentirse mejor. Hoy en día se conoce el problema emergente del "síndrome/fatiga post-viral" siendo fundamental su prevención.

Profundizaremos en el "por qué" y el "cómo" que existen detrás de estos síntomas prolongados posteriores a la infección, centrándonos en tres áreas integrales: energía, salud cognitiva y digestión.

Energía

Para muchos de nosotros, enfermarnos con una infección viral puede mantenernos letárgicos durante una semana o dos, pero nos recuperamos rápidamente. Sin embargo, esta no es la experiencia de todos. Estamos viendo que más y más personas, particularmente a la luz de la pandemia actual, experimentan un estado crónico de fatiga (clasificado como fatiga que dura más de seis semanas) después de la infección y que prolonga su recuperación.

La fatiga post-viral es un síntoma bien reconocido como se ve en infecciones como el virus de Epstein-Barr y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), por lo que no es sorprendente que estemos viendo un aumento en los casos. Los síntomas comunes incluyen: fatiga debilitante, confusión mental, dolores musculares y palpitaciones. Entonces, ¿Qué está impulsando estos síntomas continuos?

"Son mitocondrias, no hipocondría". Dra. Sarah Myhill

El cuerpo necesita una gran cantidad de energía para combatir una infección. Esto se debe a varios procesos que lleva a cabo el organismo, en particular, la inflamación para la que se liberan moléculas llamadas citocinas e interleucinas que impulsan una respuesta inflamatoria. Este proceso requiere mucha energía, también conocida como ATP (trifosfato de adenosina), que es producida por nuestras mitocondrias. La lucha contra una infección supone una gran demanda de este ATP y en algunos casos, hasta un punto de agotamiento que contribuye al desarrollo de una fatiga extrema.

Junto a esta alta demanda de energía, a menudo experimentamos un cambio en nuestro apetito ya que estar postrados en la cama o sentirnos mal, a menudo significa que nuestra dieta se vuelve cada vez más restringida lo que resulta en una reducción de la ingesta de nutrientes. Esto puede disminuir el aporte de nutrientes vitales, en particular vitaminas del Complejo B, CoQ10 y Magnesio, que son necesarios para la producción de energía, lo que puede aumentar aún más la fatiga. Por lo tanto, es importante asegurarnos de tener una ingesta diaria óptima de estas vitaminas y minerales al combatir procesos infecciosos y los consecuentes requerimientos de energía.

Radicales Libres

En la lucha contra una infección, el sistema inmunológico crea moléculas conocidas como especies reactivas de oxígeno (ROS) para crear un entorno hostil para el patógeno, lo que ayuda a facilitar su erradicación. Sin embargo, en exceso, esto puede dar lugar a un desequilibrio entre ROS y antioxidantes (esas moléculas protectoras que ayudan a apagar los radicales libres y proteger las células), lo que lleva a un estado oxidativo inflamado dentro del cuerpo que somete a nuestras mitocondrias a una tensión adicional. Nuestros cuerpos dependen de una ingesta dietética adecuada de antioxidantes, como la Vitamina C, E, Selenio y betacaroteno, para ayudar a apagar eficazmente las ROS y prevenir el daño tisular.

Los factores ambientales, como un estilo de vida sedentario, estrés emocional, físico y una alta carga tóxica (por ejemplo, de alimentos procesados y exposición a agroquímicos), pueden aumentar aún más la inflamación y la producción de ROS, generando una mayor interrupción de la función mitocondrial.

La inflamación en sí misma es una fuente de estrés y un drenaje de nuestro estado de nutrientes, lo que puede resultar en una alteración aún mayor en nuestros niveles de energía. Esto puede agravarse en el caso de quienes ya tienen un alto grado de inflamación de base, como suele ser el caso de quienes presentan enfermedades como obesidad y diabetes. Por lo tanto, el nivel de inflamación dentro del cuerpo antes de una infección puede afectar directamente en cómo se puede luchar contra esta y la velocidad de recuperación.

Nutrir nuestras mitocondrias a través de la alimentación y el estilo de vida es una consideración vital cuando se trata de asegurar una rápida recuperación. Para esto, es fundamental aumentar la ingesta dietética y suplementaria de los mismos nutrientes necesarios para la producción de ATP, la vitamina B2, B3, B12 y el Magnesio. Esto también incluye el oxígeno, que es un nutriente crítico para la producción de energía. La respiración nasal profunda y lenta es una manera excelente de aumentar simultáneamente la oxigenación de la sangre y calmar el sistema nervioso, los cuales pueden ayudar a restaurar los niveles de energía después de la infección.

Dado el impacto negativo de la inflamación y el estrés oxidativo en nuestras mitocondrias, es fundamental incluir un protocolo de nutrición que apoye el sistema antiinflamatorio y antioxidante de nuestro cuerpo. Un gran punto de partida es disfrutar de una dieta diversa, colorida y rica en plantas que proporcione una gran cantidad de vitaminas, minerales y fitonutrientes, con un enfoque particular en los "superalimentos" como la cúrcuma, el jengibre, el té verde y la granada. Además, valdría la pena complementar con suplementos antiinflamatorios y antioxidantes para ayudar a alcanzar una dosis más terapéutica, con un enfoque particular en Omega-3, Vitamina C y cúrcuma.

Por último, pero no menos importante, es clave descansar para que su cuerpo tenga el tiempo que necesita para sanar y recuperarse por completo.

Ánimo y Cognición

"No dejes que tu mente intimide a tu cuerpo haciéndole creer que debe llevar la carga de sus preocupaciones". Astrid Alauda

Algo en lo que no siempre pensamos cuando se trata del impacto de una infección en nuestras vidas es el costo que puede tener en nuestro cerebro, estado de ánimo y cognición. De hecho, investigaciones recientes encontraron complicaciones neurológicas y neuropsiquiátricas luego de infecciones virales y muchas se presentan con un evento cerebrovascular.

Los neurotransmisores son mensajeros químicos que transmiten información entre las células nerviosas. Dos neurotransmisores claves que afectan nuestro grado de excitación y compromiso, específicamente en relación con el estado de ánimo y la motivación, son la serotonina y la dopamina. En conjunto, la síntesis de estos neurotransmisores requiere folato, vitamina B12, vitamina B6 y vitamina C  para su formación .Además, la metilación (un proceso dependiente de la vitamina B) también es esencial en la conversión de serotonina en melatonina, y cuando este proceso se interrumpe puede causar aún más trastornos en nuestro estado de ánimo y salud cognitiva. Por ejemplo, el estado de metilación disfuncional se ha relacionado con la ansiedad, el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

Una dieta deficiente también puede resultar en niveles insuficientes de nutrientes clave como los fosfolípidos, que se encuentran en los huevos, y los ácidos grasos esenciales (Omega 3)que se encuentran en el pescado azul. Estos nutrientes son componentes estructurales de las células y fundamentales para la comunicación celular. Además, se ha demostrado que los altos niveles de ácidos grasos trans en la dieta a partir de los alimentos procesados, reducen la memoria y la cognición en adultos e inhiben la producción de ácidos grasos omega-3 beneficiosos. Los omega-3 tienen propiedades antiinflamatorias y potenciadoras de la cognición, posiblemente debido a su efecto regulador sobre la insulina y cambios en las conexiones entre las células nerviosas (neuroplasticidad).

La dieta y la digestión también pueden tener un impacto en los niveles de neurotransmisores a través de múltiples vías. Un estudio mostró que el 84% de las personas con trastornos gastrointestinales presentaban ansiedad y el 27% depresión. La digestión deficiente de las proteínas de la dieta (particularmente el gluten de los cereales y la caseína de los lácteos) puede producir "exorfinas" que son similares en estructura a las endorfinas. Combinadas con la permeabilidad intestinal, estas proteínas no digeridas pueden ejercer un efecto similar a la morfina en el sistema nervioso, lo que puede alterar la conciencia social y el comportamiento. Las investigaciones preliminares indican que los pacientes con infecciones virales pueden ser propensos a la disbiosis intestinal, mostrando que el impacto que una infección puede tener sobre el estado de ánimo y la cognición, podría estar relacionado con la salud intestinal.

El intestino es el primer punto de contacto para muchos patógenos y, por lo tanto, con bastante frecuencia el lugar donde se ubica la inflamación, siendo parte natural de la respuesta inmunitaria y vital para controlar las amenazas. Las moléculas inflamatorias llamadas citocinas se producen al detectar una infección y pueden actuar sobre el cerebro e impulsar 'comportamientos de enfermedad inducidos por citocinas', donde los síntomas incluyen fatiga, desinterés en nuestro entorno social y alteración del estado de ánimo. El aumento de citocinas puede inducir la descomposición del triptófano y, por lo tanto, reducir potencialmente su disponibilidad para producir serotonina, lo que puede tener importantes implicaciones neurológicas. Las infecciones virales graves pueden inducir altos niveles de citocinas proinflamatorias, que se ha sugerido que causan deterioro cognitivo y aumentan el riesgo de desarrollar posteriormente una enfermedad neurológica, en particular Alzheimer. Cuando las infecciones virales causan daño al tejido pulmonar, esto también podría conducir a una falta de oxígeno (hipoxia) en el cerebro y aumentar aún más la inflamación cerebral, y potencialmente podría causar un aumento de la confusión mental, fatiga y depresión. Esto podría verse agravado por una oxigenación deficiente de la sangre, por ejemplo, debido a niveles bajos de Folato, Vitamina B12, Hierro, respiración bucal y apnea del sueño.

Entonces, si se está recuperando de una infección, ya sea bacteriana o viral, asegúrate de nutrir tu sistema nervioso a través de alimentos reales y considera complementar con un buen Multinutriente Metilado,   Ácidos grasos esenciales y Probióticos .

Digestión

"En algún lugar dentro de TODOS nosotros está el poder de cambiar el mundo" Roald Dahl (Matilda)

Los síntomas digestivos son comunes en los pacientes durante cualquier infección, estos pueden incluir pérdida de apetito, náuseas, vómitos y diarrea. En un estudio reciente de pacientes hospitalizados, el 57% sufría de síntomas digestivos.

Quienes padecen trastornos digestivos, como el síndrome del intestino irritable (SII) o una mala digestión de las grasas, tienen más probabilidades de estar en un estado preliminar de agotamiento de nutrientes. El apoyo digestivo, con suplementos Probióticos y la fibra prebiótica, es una consideración clave para fomentar la absorción de nutrientes y la posterior reposición de estos para la salud intestinal y del sistema inmunológico.

El uso de medicamentos durante una infección puede tener consecuencias a largo plazo en el intestino. Por ejemplo, el tratamiento con antibióticos puede alterar el microbioma intestinal y reducir la colonización de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium, así como también aumentar potencialmente las bacterias patógenas como E. coli, salmonella y H. pylori. Los antibióticos también pueden causar una reducción a largo plazo en ácidos grasos de cadena corta, esto puede reducir el estado funcional de la mucosa en el colon, aumentando así el riesgo de enfermedad inflamatoria intestinal (EII). Otros medicamentos que se toman a menudo durante una infección son los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como ibuprofeno para la fiebre y el alivio de los síntomas, sin embargo, la investigación muestra que los AINE pueden dañar la mucosa intestinal y provocar úlceras gástricas. Por otro lado, se ha demostrado que los virus inducen efectos a largo plazo sobre las enzimas involucradas en el metabolismo de los fármacos, específicamente la enzima CYP3A importante para la desintoxicación de estatinas, omeprazol y prednisona. Esto puede promover efectos secundarios y toxicidades inducidos por fármacos.

La disbiosis intestinal también se ha relacionado con afecciones como la EII, y esto puede verse agravado por una inflamación crónica, ya sea preexistente o causada por una infección. La inflamación también puede alterar las uniones estrechas en el intestino, lo que provoca un aumento de la permeabilidad intestinal y una mayor alteración de la función intestinal. Otros factores externos pueden impulsar aún más la hiperpermeabilidad intestinal, como el estrés y la mala alimentación (gluten, lácteos).

Si no está seguro de cómo mejorar su salud intestinal, un excelente punto de partida es aumentar los niveles de bacterias beneficiosas mediante el uso de un suplemento Probiótico investigado, clínicamente eficaz y estable, e idealmente complementar con Glutamina para apoyar la recuperación de la pared intestinal en el caso de tener hiperpermeabilidad.


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